viernes, 25 de noviembre de 2011

Un dios salvaje


El mayor peligro de esta película es considerarla demasiado teatral, algo que al director no parece haberle importado demasiado, ya que centra todo su desarrollo en un apartamento y básicamente en el comedor de éste.

A partir de la agresión de un niño a otro se desarrolla la película, los padres de los dos niños se reúnen para discutir el asunto y lo que ne un principio parece tener una solución eficaz y satisfactoria comienza a complicarse con un efecto de bola de nieve que parece superar a los protagonistas.

Los trapos sucios de los matrimonios, las desaveniencias, los acuerdos, la mezquindad, las insatisfacciones vitales...todo va a saliendo a flote creando situaciones de lo más tensas pero salpicadas con un humor negro que provoca lo que llaman "la sonrisa congelada", es decir una sonrisa que detrás lleva una reflexión, una identificación o un reconocimiento de la situación.

La película corta y dirigida con un ritmo endiablado por Roman Polanski, tiene sus grandes bazas en unos diálogos magistrales y unas interpretaciones potentes de los 4 actores, que van mostrando diferentes emociones de manera creible y esto conviene destacarlo: siendo la película la adaptación de una obra teatral Polanski ha decidido no "ocultarlo" sino hacerlo evidente y eso deja a los actores con la papeleta de recitar unos diálogos largos, alejados normalmente de los parámetros de las conversaciones convencionales entre personas y sin embargo los actores consiguen hacerlos convincentes y que no suenen a "hueco".

Así pues una película muy recomendable